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 Debate sobre la música contemporánea

Cap. 10

Notas de Elena G de White sobre la música

                                                         

Ir a la Adoración 

         El poder del canto

         Las cualidades del buen canto.

         La pronunciación y la entonación correcta.

         La elección que Dios hace del canto.

La sencillez en los servicios religiosos.

Los ángeles como instrumentistas.

La obra del Espíritu Santo.

La música es de origen celestial

El uso equivocado de  la música

Cantos frívolos y música popular

La música puede constituirse en ídolo

Ambición por la exhibición

La tendencia a los extremos

El canto como parte del culto

El tema de cada canto

Melodía sacra para los estudiantes.

 

 

 

El poder del canto

La historia de los cantos de la Biblia está llena de alusiones a los usos de la música y el canto. A menudo se pervierte la música haciéndola servir a malos propósitos y de ese modo llega a ser uno de los instrumentos seductores de la tentación. Pero, debidamente empleada, es un precioso don de Dios, destinado a elevar los pensamientos hacia temas más nobles, y a inspirar y levantar el alma. (Ed 167, 168).

 

Una noche me Pareció estar en una reunión donde se hablaba de esos asunto, y  un hombre muy serio y digno vino, y me dijo "Estáis orando para que el Señor envíe hombre y mujeres de talento para que se dediquen a la obra. Tenéis talento en vuestro medio que necesita recibir reconocimiento. Se formularon proposiciones sabías y se pronunciaron las palabras cuyo resumen doy a continuación. El dijo: "Llamo vuestra atención al talento del canto que debiera cultivarse, porque la voz humana expresada en el canto, constituye uno de los talentos dados por Dios y que deben emplearse para su gloria. El enemigo de la justicia utiliza provechosamente este talento a su servicio. Y lo que es un don de Dios, dado para bendecir las almas, es pervertido, mal aplicado y sirve a los propósitos de Satanás. Este talento de la voz es una bendición si se consagra al Señor para servir a su causa.  Tiene talento, pero éste no es apreciado. Debiera tomarse en cuenta su posición, y su talento atraería a la gente, y ésta así, oiría el mensaje de verdad (Ev 363).

 

Las cualidades del buen canto.

Podemos introducir muchas mejoras en el canto. Algunos piensan que cuanto más alto canten, tanto mas musicales son pero el ruido no es música. El buen canto es como la música de los pájaros: suave y melodioso. En algunas de nuestras iglesias, he escuchado solos que eran inapropiados para el servicio de culto en la casa de Dios. Los Ángeles se complacen en oír los sencillos cantos de alabanza expresados en un tono natural. Ellos se unen con nosotros en los cantos en los que cada palabra se pronuncia claramente, en un tono musical. Participan en las melodías cantadas con el corazón, el espíritu, y el entendimiento (Ev 372).

 

La melodía del canto, exhalada de muchos corazones en forma clara y distinta, es uno de los instrumentos de Dios en la obra de salvar almas. Todo el servicio debe ser dirigido con solemnidad y reverencia, como si fuese en la visible presencia del Maestro del Maestro de las asambleas (4TS 147).

 

La música forma parte del culto de Dios en los atrios del cielo. En nuestros cantos de alabanza, debemos intentar acercamos tanto como sea posible, a la armonía de los coros celestiales. A menudo me he entristecido al oír voces incultas, elevadas hasta la más alta nota, chillando literalmente, al expresar las sagradas palabras de algún himno de alabanza. Cuán inapropiadas son esas voces agudas y estridentes en el culto sagrado y el gozoso servicio de Dios. Anhelo tapar mis oídos, o huir lejos del lugar, y me alegro cuando el penoso ejercicio ha terminado (EV 370)

Pero hay una clase de reuniones sociales de un carácter, completamente diferente, partidas de placer que han deshonrado nuestras instituciones y la iglesia. Estimulan el orgullo de la indumentaria y de la apariencia, la complacencia propia, la hilaridad y el espíritu trivial. Satanás es agasajado como un huésped honrado y toma posesión de los que patrocinan estas reuniones.

Me fue mostrada una visión de una compañía tal, donde se habían congregado los que profesan creer la verdad. Uno estaba sentado frente a un instrumento de música, y se oían cantos que hacían llorar a los ángeles, que todo lo observaban. Había alegría, había risa grosera y había mucho entusiasmo y cierta clase de inspiración, pero la alegría era de la clase que sólo Satanás puede crear. Es un entusiasmo, y una infatuación de los cuales se avergonzarán todos los que aman a Dios. Prepara a quienes participen en ello, para los pensamientos y los actos profanos. Tengo motivos para creer que algunos de los que participaron en, aquella, escena, se arrepintieron de corazón de su actuación vergonzosa (CM 323).

 

Fui llevada a algunos de sus ensayos de coro, y se me hizo leer los sentimientos existentes en el grupo que usted dirige. Había celos mezquinos, envidia, crítica y murmuración. Dios requiere un servicio prestado de todo corazón; el formalismo y el servicio prestado solamente de labios, son como bronce que resuena y címbalo que retiñe. Su canto tiene como finalidad la ostentación, y no la alabanza a Dios con el espíritu y el entendimiento. La condición del corazón revela la calidad de la religión del que profesa la piedad (Ev 369).

 

La pronunciación y la entonación correcta.

El que nos ha otorgado todos los dones que nos capacitan para ser obreros junto con Dios, espera que sus siervos cultiven sus voces, para que pueda hablar y cantar, de tal manera que todos puedan entender. No es necesario cantar en voz alta, sino entonar en forma clara, pronunciar correctamente y tener una expresión nítida. Todos deben dedicar tiempo al cultivo de la voz, para que la alabanza a Dios pueda ser cantada en tonos claros y suaves, no con tonos agudos y ásperos que ofenden el oído. La habilidad de cantar es un don de Dios; y debe usarse para su gloria (9T 143, 144)

 

Los estudiantes que han aprendido a cantar cantos evangélicos dulces con melodía y nitidez, pueden hacer mucho bien como cantantes evangelistas. (RH 27-8-1903).

 

La música podría ser un gran poder para el bien, pero no aprovechamos como debiéramos esta forma de rendir culto. El canto por lo general se hace por impulso o para satisfacer casos especiales, y otras veces se deja que los que canta lo hagan cometiendo errores; en esta forma la música pierde el efecto que podría ejercer las mentes. La música debiera tener belleza, sentimiento y poder. Elévense las voces en cantos de alabanza y devoción. Llamad en vuestro auxilio instrumentos musicales, si eso es posible, y asciendan hacia Dios las gloriosa armonías como una ofrenda aceptable. Pero en ciertas ocasiones es difícil disciplinar a los que cantan, y conseguir que lo hagan en forma adecuada, que mejorar los hábitos de oración y exhortación Muchos quieren hacer las cosas de acuerdo con su Propio método; se oponen a las consultas y se impacientan cuando otro los dirige. Se requieren Planes bien maduros en el servicio de Dios. El sentido común es algo excelente en el culto que se rinde al Señor (Ev 368).

 

La elección que Dios hace del canto.

El canto forma parte tanto de la adoración de Dios en las reuniones religiosas como de los discursos, y cualquier rareza o peculiaridad cultivada atrae la atención de la gente, y destruye la impresión seria y solemne que debiera ser el resultado de la música sagrada. Cualquier cosa extraña y excéntrica en el canto, aparta de la seriedad y la santidad del servicio religioso.

Los movimientos corporales, son de poco provecho. Todo lo que está conectado de cualquier manera con el culto religioso debe ser significado, solemne e impresionante. Dios no se agrada cuando los ministros que profesan ser los representantes de Cristo lo representan mal, usando su cuerpo en actitudes teatrales, haciendo gestos indecorosos y vulgares, y gesticulaciones toscas y ordinarias. Todo esto divierte y excita la curiosidad de los que quieren ver cosas extrañas, raras y excitantes, pero estas cosas no elevarán las mentes y corazones de los que las vean.

Lo mismo se puede decir del canto. Usted asume actitudes indecorosas. Usted pone en el canto todo el poder y el volumen de voz posible. Usted ahoga las más delicadas melodías y notas, de voces más musicales que la suya. Los que escuchan en la tierra y los que escuchan en el cielo, no perciben como melodía esos movimientos corporales, ni esa voz alta y áspera. Este tipo de canto es defectuoso y no es aceptable a Dios como un acorde musical perfecto, suave y dulce. Entre los ángeles, no hay tales exhibiciones como las que a veces he visto en nuestras reuniones. Esas notas y gestos ásperos no se ven entre el coro angelical. Sus cantos no rechinan en el oído. Son suaves y melodiosos y brotan sin el gran esfuerzo que yo he visto. No son forzados ni tirantes, ni requieren esfuerzo físico.

El hermano S no se da cuenta de cuántos están  asombrados y disgustados. Algunos no pueden reprimir pensamientos, no muy sagrados, ni sentimientos de frivolidad al ver los movimientos no refinados hechos durante el canto. El hermano S se exhibe a sí mismo. Su canto no ejerce influencia para someter el corazón, y conmover los sentimientos. Muchos han asistido a las reuniones y escuchado las palabras, de verdad habladas desde el púlpito, que han convencido, y solemnizado sus mentes; pero muchas veces la forma en que se ha dirigido el canto, no ha profundizado la impresión hecha. Las demostraciones y contorsiones del cuerpo, la apariencia desagradable de esfuerzos extremados y forzados, ha parecido tan fuera de lugar para la casa de Dios, tan ridícula, que, las impresiones serias hechas sobre las mentes han sido removidas. La opinión que los presentes tienen de quienes creen la verdad, no es de un concepto tan alto como el que tenían antes del canto...

El [el hermano S] ha creído que cantar es lo más grande que se ha hecho en este mundo, y que él tenía la manera más grandiosa y maravillosa de hacerlo.

Su canto está lejos de agradar al coro angelical. Imagínese a sí mismo formando parte de la orquesta angélica, elevando los hombros, haciendo énfasis en las palabras, moviendo el, cuerpo y subiendo todo el volumen de su voz. ¿Qué clase de concierto y armonía habría allí, con semejante exhibición delante de los ángeles?(La voz y su uso correcto Apéndice)

 

La música aceptable a Dios.

Las cosas superfluas que se han introducido en el culto deben evitarse decididamente... Dios acepta la música únicamente, cuando por su influencia los corazones se santifican y se enternecen. Pero muchos que se complacen con la música, no saben lo que significa producir melodías para Dios en sus corazones. Sus corazones han ido "tras los ídolos" (Ev 373).

 

Cuando los cristianos profesos alcancen la norma elevada que es su privilegio alcanzar, la sencillez de Cristo será mantenida en todos sus servicios de culto. Las formas, las ceremonias y las realizaciones musicales no constituyen la fortaleza de la iglesia. Sin embargo, estas cosas, han Tomado el lugar que Dios debiera tener, tal como aconteció en el culto de los judíos.

El Señor me ha revelado que cuando el corazón es limpiado y santificado, y cuando los miembros de la iglesia participan de la naturaleza divina, saldrá poder de la iglesia que cree en la verdad, y hará entonar melodías a los corazones. Entonces los hombres y las mujeres no dependerán de sus instrumentos musicales, sino del poder de la gracia de Dios que proporcionara plenitud de gozo Hay que llevar a cabo la obra de suprimir los escombros que han sido introducidos en la iglesia... Este mensaje no es solamente para la iglesia de, sino para todas las demás iglesias que han seguido su ejemplo (Ev 373).

 

La sencillez en los servicios religiosos.

Los verdaderos pastores conocen el valor de la obra interna del Espíritu Santo en el corazón humano. Están satisfechos con la sencillez en los servicios religiosos. En vez de presentar muchos cantos no sagrados, conceden su principal atención al estudio de la Palabra, y tributan alabanza a Dios desde el corazón. Por encima del adorno exterior dan importancia al adorno interior, el ornamento de un espíritu humilde y tranquilo. En sus bocas no se encuentra engaño (Ev 366).

 

Los ángeles como instrumentistas.

Se me ha mostrado el orden, el orden perfecto del cielo, y me he sentido arrobada mientras escuchaba la música Perfecta que hay allí. Después de salir de la visión, el canto aquí me ha sonado muy duro y discordante. He visto compañías de ángeles, de pie bajo una concavidad acústica, teniendo cada uno un arpa de oro. Cada arpa tenía en uno de sus extremos un instrumento para  ajustarla o cambiarle el tono. Los dedos de los ángeles no se deslizaban descuidadamente sobre las cuerdas, sino que tocaban diferentes cuerdas para producir los diferentes sonidos. Siempre hay un ángel que dirige, el que primero toca el arpa y da el tono; entonces, todos se unen en la rica y perfecta música del cielo. Es algo que no puedo describir. Es una melodía celestial divina, mientras de cada rostro se proyecta la imagen de Jesús, brillando con una gloria inexpresable (1T 146).

 

La obra del Espíritu Santo.

Los corazones de muchos, en el mundo, tanto como en la iglesia, están hambrientos del pan de vida y sedientos de las agua de salvación. Se interesan en el servicio de canto, pero no sienten anhelo por los cantos, y ni siquiera por la oración. Quieren conocer, las Escrituras. ¿Qué dice la Palabra de Dios que pueda aplicarse a mí? El Espíritu Santo está trabajando en la mente y en el corazón, y los está llevando hacia el pan de vida. Ven que toda cambia a su alrededor. Los sentimientos humanos, las ideas humanas de lo que constituye la religión, todo cambia. Acuden a escuchar la Palabra sin alteración alguna (Ev 365, 366).

 

La música es de origen celestial

La música es de origen celestial, y hay un gran poder en la música. Fue la música de la muchedumbre  de ángeles lo que conmovió los corazones de los pastores en las llanuras de Belén, y recorrió todo el mundo. Es por intermedio de la música con nuestras ocasiones se elevan hacia Aquel, que es la personificación de la pureza y la armonía.

Es mediante la música y los cantos de victoria, que los redimidos finalmente recibirán la recompensa inmortal. Hay algo peculiarmente sagrado en la voz humana. Su armonía y su sumisión y expresión inspirada en los cielos, excede a cualquier instrumento musical. La música vocal es uno de los dones dados al hombre por Dios, un instrumento que no puede, ser sobrepasado o igualado, cuando el amor de Dios abunda en el alma.

Cantar con el espíritu y la comprensión, es también una gran adición a los servicios devocionales en la casa de Dios.

 ¡Cómo ha sido degradado ese don! Si fuera santificado y refinado, realizaría un gran bien al derribar las barreras de prejuicios, y la incredulidad de corazones indiferentes, y sería un medio para convertir almas. No es suficiente entender los rudimentos del canto, pero con la comprensión, con el conocimiento, debería haber una conexión tal con el cielo, que los ángeles cantaran por intermedio nuestro. Su voz se ha escuchado en la iglesia en un tono tan alto, tan áspero, acompañada de una serie de gestos que no son los de más gracia, que no se podían escuchar los acordes más suaves y argentinos, más parecidos a la música angelical. Usted ha cantado más para los hombres que para Dios.

Cuando su voz se ha elevado en tono alto por encima de toda la congregación, usted ha estado consciente de la admiración que estaba provocando. Ha estado teniendo realmente un concepto tan superior de su canto, que hasta ha pensado que debía ser remunerado por el ejercicio de ese don (MS 5, 1874)

 

El uso equivocado de  la música

Esas mismas cosas que habéis explicado que ocurrían en Indiana, el Señor me ha mostrado que volverían a ocurrir justamente antes de la terminación del tiempo de gracia. Se manifestará toda clase de cosas extrañas. Habrá vocerío acompañado de tambores, música y danza.

El juicio de algunos seres racionales quedará confundido de tal manera, que no podrán confiar en él para realizar decisiones correctas. Y a esto consideran como la actuación del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nunca se manifiesta en esa forma, mediante ese ruido desconcertante. Esto constituye una invención de Satanás para ocultar sus ingeniosos métodos destinados a tornar ineficaz la pura, sincera, elevadora, ennoblecedora y santificadora verdad para este tiempo. Es mejor no mezclar nunca el culto a Dios con música, que utilizar instrumentos musicales pan realizar la obra que en enero pasado se me mostró que tendría lugar en nuestras reuniones de reavivamiento.

La verdad para este tiempo, no necesita nada de eso para convertir a las almas. El ruido desconcertante aturde los sentidos y desnaturaliza aquello que, si se condujera en la forma debida, constituirá una bendición. El influjo de los instrumentos satánicos se une con el estrépito y el vocerío, con lo cual resulta un carnaval, y a esto, se lo denomina la obra del Espíritu Santo...

No debería estimularse esta clase de culto. Este mismo género de influencia advino después de cumplida la fecha de 1844. Ocurrieron las mismas representaciones. Los hombres se agitaron, y fueron estimulados por un poder que pensaban era el poder de Dios (2MS 41,42).

 

El Espíritu Santo no tiene nada que ver con ese desorden perturbador, y esa barahúnda, que me fueran mostrados en enero pasado. Satanás trabaja en medio del estruendo y de la confusión producida por esa clase de música, la cuál si fuera dirigida debidamente, serviría para alabar y glorificar a Dios.

El diablo hace que tenga el mismo efecto que la mordedura ponzoñosa de la serpiente. Las cosas que han ocurrido en el pasado, también acontecerán en el futuro. Satanás convertirá la música  en una trampa, debido a la forma como es dirigida (2MS 43).

 

Cantos frívolos y música popular.

Me sentí alarmada, cuando vi. por doquiera la frivolidad de hombres y mujeres jóvenes que profesan creer la verdad. Tal parece que Dios no está en sus pensamientos. Tienen la mente llena de tonterías. Su conversación es vana y vacía. Tienen el oído aguzado para la música y Satanás sabe qué órganos excitar para animar, monopolizar y hechizar la mente a fin de que Cristo no sea deseado.

Les falta ese anhelo del alma por el conocimiento divino, por el crecimiento en la gracia. Se me mostró que los jóvenes deben decidirse por una norma más alta, y hacer de la Palabra de Dios el líder de su consejo y su guía.

Los jóvenes consideran con ligereza sus solemnes responsabilidades. La música introducida en sus hogares ha servido para apartar sus mentes de la verdad, en lugar de incitarlos a la santidad y la espiritualidad. Los cantos frívolos y la música popular moderna parecen compatibles con sus gustos.

Los instrumentos de música han requerido tiempo que debería haberse dedicado a la oración. La música, cuando no se abusa de ella, es una gran bendición; pero cuando se hace de ella un uso equivocado, es una terrible maldición. Es excitante, pero no importe ni la fuerza, ni el valor que el cristiano sólo puede encontrar en el trono de la gracia, cuando humildemente hace conocer sus anhelos, y con fuertes lamentos y lágrimas ruega por fortaleza divina para ser fortalecido contra las poderosas tentaciones del maligno. Satanás está llevando cautivos a los jóvenes. ¡Qué podría decir para conducirlos a que rompan su poder de infatuación! El es un diestro seductor atrayéndolos a la perdición (1T 496, 497).

 

La música puede constituirse en ídolo.

Las cosas  eternas tienen poca importancia para los jóvenes. Los ángeles de Dios lloran, cuando escriben en el rollo las palabras y actos de profesos cristianos. Los ángeles rondan alrededor de las moradas. Allí están reunidos los jóvenes; se escucha el sonido de música instrumental y vocal. Allí están reunidos los cristianos pero, ¿qué es lo que se escucha? Un canto, una cantinela frívola, apropiada para el salón de baile. He aquí a los ángeles puros recogiendo la luz que les rodea, y la oscuridad circunda a los que están en esa morada. Los ángeles se apartan de la escena. La tristeza se refleja en sus rostros. Mirad cómo están llorando. Esto lo he visto repetidas veces en todas las filas de guardadores del sábado, y especialmente en La música ha ocupado las horas que debieran dedicarse a la oración. La música es el ídolo que adoran muchos profesos cristianos guardadores del sábado. Satanás no objeta la música, si él puede convertirla en un canal a través del cual ganar acceso a las mentes juveniles.

Cualquier cosa que contribuye con su propósito de apartar la mente de Dios y ocupar el tiempo que debiera ser dedicado a su servicio. El obra mediante los medios que ejercerán la influencia más fuerte, para mantener en una infatuación agradable al mayor número de personas posible, mientras están paralizados por su poder.

Cuando se saca buen provecho de ella, la música es una bendición; pero muchas veces se convierte en una de las agencias más atractivas de Satanás para entrampar a las almas. Cuando se abusa de ella, conduce a los que no están consagrados hacia el orgullo, la vanidad y la insensatez. Cuando se le permite ocupar el lugar de la devoción y la oración, es una maldición terrible.

Los jóvenes se reúnen para cantar, y aunque profesan ser cristianos, muchas veces deshonran a Dios y a su fe, mediante su conversación frívola y su elección de la música. La música sagrada no es compatible con su gusto. Me fueron señaladas; las enseñanzas sencillas de la Palabra de Dios, que han sido pasadas por alto como inadvertidas. En el juicio todas estas palabras de inspiración condenarán a los que no las han tomado en cuenta (1T 505, 506).

Placeres prohibidos.

¡Cuánto contraste hay entre la antigua costumbre y los usos que con frecuencia se le da hoy a la música! ¡Cuántos son los que emplean este don especial para ensalzarse así mismos, en lugar de usarlo para glorificar a Dios! El amor a la música conduce a los incautos a participar con los amantes de lo mundano, en las reuniones de placer que Dios prohibió a sus hijos. Así, lo que es una gran bendición cuando se lo usa correctamente, se convierte en uno de los medios más certeramente empleados por Satanás para desviar la mente del deber y de la contemplación de las cosas eternas (PP 644, 645).

[Muchos profesos cristianos] no conocen el lenguaje del cielo, y no están educando sus mentes para estar preparados a fin de poder cantar los himnos del cielo, o deleitarse en los ejercicios  espirituales que allí, recibirán la atención de todos (37S 88).

 

Ambición por la exhibición.

Los espectáculos musicales, que conducidos apropiadamente no hacen  daño, son muchas veces una fuente de mal. En actual estado de la sociedad, con la baja moralidad existente, no sólo entre los jóvenes, sino también entre aquellos de más edad y experiencia, existe un peligro en volverse descuidados, y dar atención especial a los favoritos, creando así envidia, celos y conjeturas malignas. El talento musical muchas veces fomenta el orgullo y la ambición por la exhibición, y los cantantes dedican muy pocos pensamientos a la adoración a Dios. En lugar de conducir a las mentes, a recordar a Dios, muchas veces lo que hacen es provocar su olvido (Carta 6a, 1890).

 

La tendencia a los extremos.

No se debiere permitir que el canto aparte la mente de las horas de devoción. Si hay que dejar algo a un lado, que sea el canto. Una de las actuales tentaciones es llevar la práctica de la música a los extremos, prestando más atención a la música que a la oración. Por esta causa se han arruinado muchas almas. Cuando el Espíritu de Dios está despertando la conciencia y convenciendo de pecado, Satanás sugiere un ejercicio de canto o una escuela de canto que, conducida con ligereza y frivolidad, hace que la seriedad se disipe, y se apague todo, deseo por el Espíritu de Dios. De esta  manera la puerta del corazón, que está lista a ser abierta a Jesús, se cierra y es obstaculizada con el orgullo y la terquedad, y en muchos casos, nunca más se vuelve a abrir.

Por las tentaciones que acompañan estos ejercicios de canto, muchos, que una vez estuvieron convertidos verdaderamente a la verdad, han sido conducidos a separarse de Dios. Han elegido cantar antes que orar, asistir a escuelas de canto en lugar de asistir a reuniones religiosas, hasta que la verdad ya no ejerce su poder santificador en sus almas. Esa clase de canto es, una ofensa para Dios (RH 24-7-1883). 

 

El canto como parte del culto

 

Un acto de adoración.

El canto, como parte del servicio religioso, es tanto un acto de culto, como lo es la oración. El corazón debe sentir el espíritu del canto para darle expresión correcta (PP 645).

 

En los cultos no debe haber nada de naturaleza teatral.

En el canto no deben participar sólo unos pocos, Debe a los presentes a unirse en el servicio de canto. Hay algunos que tienen el don especial de poder cantar, y hay ocasiones en que el canto de una sola persona, o de un grupo, dan un mensaje especial. Pero pocas veces deben cantar sólo unos pocos. La habilidad de cantar; es un talento de influencia que Dios desea que todos cultiven y usen para la gloria de su nombre (7T 115, 116 ).

 

 

 

El servicio de canto no es un concierto.

Se me presentó el hecho de que si el pastor escuchara el consejo de sus hermanos, y no actuará con precipitación de la manera en que lo hace, al efectuar un gran concierto para obtener grandes congregaciones, tendría más influencia para el bien y su obra lograría un, éxito más notable. Debe descartar de sus reuniones todo aquello que tenga semejanza de despliegue teatral; pues tales apariencias exteriores no añaden fuerza al mensaje que presenta.

Cuando el Señor pueda cooperar con él, su obra no necesitará hacerse de una manera tan costosa. No tendrá necesidad entonces de gastar tanto en anunciar sus reuniones. No dependerá tanto del programa musical. Esta parte de sus servicios se presenta más como un concierto, que como un servicio de canto de una reunión religiosa (Ev 365).

 

El significado de las palabras en el canto.

Como parte del servicio religioso, el canto no es menos importante que la oración. En realidad más de un canto es una oración. Si se enseña al niño a comprender esto, pensará más en el significado de las palabras que canta, y será más sensible a su poder (Ed 168)

 

El acompañamiento instrumental.

En nuestros congresos campestres debe haber cantos y acompañamiento de instrumentos. Los instrumentos musicales se usaban en los servicios religiosos en tiempos antiguos. Los adoradores alababan a Dios con el arpa y los címbalos, y la música debiera tener su lugar en nuestros cultos. Así aumentará el interés (6T 62).

 

El cuidado en el servicio de canto.

En las reuniones que se celebren, elíjanse a unos cuantos, para que tomen parte en el servicio de canto. Y sea el canto acompañado de instrumentos musicales hábilmente manejados. No debemos oponernos al empleo de instrumentos de música en nuestra obra. Esta parte del servicio ha de ser dirigida con cuidado; porque el canto ha de alabar a Dios. El canto no ha de ser entonado siempre por unos pocos. Tan a menudo como se pueda, participe en él la congregación (OE 370, 371).

 

Cántese con espíritu y comprensión.

El mal de la adoración formal no puede representarse demasiado fuerte, pero no hay palabras para representar apropiadamente las profundas bendiciones del culto verdadero. Cuando los seres humanos cantan con el espíritu y la comprensión, los músicos celestiales toman la melodía y se unen en el canto de agradecimiento.

El que ha derramado sobre todos nosotros los dones, que nos capacitan como obreros junto con Dios, espera que sus siervos cultiven sus voces, para que puedan hablar y cantar de manera que todos  puedan entender. No es necesario cantar alto, sino tener una entonación clara, una pronunciación correcta, y una expresión nítida.

Todos debemos cultivar la voz para que la alabanza a Dios pueda ser cantada en tonos claros y suaves, no con tonos ásperos y chillones que ofenden el oído. La habilidad de cantar es un don de Dios y debemos usarla para su gloria (9T 143, 144).

 

La belleza en el canto no es el todo.

Muchos están cantando hermosos himnos en las reuniones, himnos acerca de lo que harán o de lo que se proponen hacer; pero algunos no hacen estas cosas; no cantan con el espíritu, y con el entendimiento. De igual manera, algunos no resultan beneficiados con la lectura de la Palabra de Dios, porque no la incorporan a su propia vida, no la practican (Ev 370).

 

Cantos dulces y sencillos.

¿Cómo puede Dios ser glorificado cuando dependéis para vuestros cantos de un coro mundano, que trabaja a sueldo? Hermano mío, cuando Ud. vea estas cosas con plena claridad,  tendrá en sus reuniones únicamente cantos dulces y sencillos, y pedirá a toda la congregación que se una en el canto. ¿Qué importa si entre los presentes hay algunas cuyas voces no son tan musicales como la voz de los demás? Cuando el canto es tal que los ángeles pueden unirse con los cantores, se produce sobre la mente una impresión que el canto que procede de labios no santificados, no puede hacer (Ev 371).

 

La ropa suntuosa los cantos elaborados y la música instrumental en la iglesia, no invitan a los cantos del coro de ángeles. Estas cosas son a la vista de Dios  como las ramas de la higuera que no tenían nada más que hojas ostentosas.

Cristo busca frutos y principios manifestados en bondad, simpatía y amor. Estos son los principios del cielo, y cuando se manifiestan en las vidas humanas, podemos saber que Cristo ha sido formado en el interior como la esperanza de gloria.

Una congregación puede ser la más pobre de la zona, sin música ni lucimiento exterior, pero si posee estos principios, los miembros pueden cantar, porque el gozo de Cristo está en sus almas, y pueden ofrecer esto como una suave ofrenda a Dios (Ev 372, 373).

 

 

El tema de cada canto.

La ciencia de la salvación ha de ser la preocupación de todo sermón, el tema de todo canto. Preséntese este asunto con toda suplicación (Ev 366).

 

Los mandamientos de Dios en canto.

Mientras el pueblo vagaba por el desierto, el canto era un medio de grabar en sus mentes muchas lecciones preciosas. Cuando fueron librados del ejército de Faraón, toda la hueste de Israel se unió en un canto de triunfo. Por el desierto y el mar resonaron a lo lejos las estrofas de júbilo, y en las montañas repercutieron los acentos de alabanza: "Cantad a Jehová, porque en extremo se ha engrandecido!" Con frecuencia se repetía durante el viaje este canto, que animaba los corazones y, encendía la fe de los Peregrinos.

Por indicación divina expresaban también los mandamientos dados desde el Sinaí, con las promesas del favor de Dios y el relato de los milagros que hizo para librarlos, en cantos acompañados de música instrumental, a cuyo compás marchaba el pueblo mientras unía sus voces en alabanza.

De ese modo se apartaban sus pensamientos de las pruebas y dificultades del camino, se calmaba el espíritu inquieto y turbulento, se inculcaban en la memoria  los principios de la verdad, y la fe se fortalecía. La acción en concierto servía para enseñar el orden y la unidad, y el pueblo se ponía en más íntima comunión con Dios y con sus semejantes (Ed 39).

 

Las palabras de la ley en música.

De acuerdo con estas palabras, Moisés instruyó a los israelita a ponerles, música a las palabras de la ley. Mientras los niños mayores tocaban instrumentos musicales, los menores marchaban y cantaban en concierto, el cántico de los mandamientos de Dios. En los años subsiguientes retenían en su mente las palabras de la ley que aprendieran durante la niñez.

Si era esencial para Moisés encarnar los mandamientos en el cántico sagrado, de manera que cuando marcharan por el desierto los niños pudieran aprender la ley versículo por versículo, cuán esencial es en este tiempo enseñar a nuestros hijos la Palabra de Dios. Acudamos en ayuda del Señor, instruyendo a nuestros hijos a guardar los mandamientos al pie de la letra. Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para hacer música en nuestro hogar, a fin de que el Señor pueda hacerse presente (Ev 364, 365).

Cantos memoriales. El trato de Dios con su pueblo debe ser repetido con frecuencia... A fin de que no olvidaran la historia pasada, [Dios] ordenó a Moisés que inmortalice esos acontecimientos en cantos, a fin de que los padres pudieran enseñarlos a sus hijos (47S 384, 385).

 

 

Melodía sacra para los estudiantes.

El arte de la melodía sacra era diligentemente cultivado. No se escuchaban valses frívolos, ni cantos impertinentes que ensalzaran al hombre y apartaran la atención de Dios, sino sagrados y solemnes salmos de alabanza al Creador, que exaltaban su nombre y hacían recuento de sus obras maravillosas. De este modo, la música se hacía para servir a propósitos santos, para elevar los pensamientos a lo que era puro y noble y elevador, y para despertar en el alma la devoción y la gratitud a Dios (FE 97, 98).

 

Música para un propósito sagrado.

Se empleaba la música con un propósito santo, para elevar los Pensamientos hacia aquello que es Puro, noble y enaltecedor, y para despertar en el alma la devoción y la gratitud hacia Dios.

¡Cuántos son los que emplean este don especial para ensalzarse a sí mismos, en lugar de usarlo para glorificar a Dios! El amor a la música conduce a los incautos, a participar con los amantes de lo mundano en las reuniones de placer, adonde Dios prohibió a sus hijos que fueran. Así, lo que es una gran bendición cuando se lo usa correctamente, se convierte en uno de los medios más certeramente empleados por Satanás, para desviar la mente del deber y de la contemplación de las cosas eternas" (PP 644, 645).

 

Los Salmos de David son una inspiración constante.

La comunión con la naturaleza y con Dios... no sólo había de moldear el carácter, de David, e influir en su vida futura, sino que también por medio de los salmos del dulce cantor de Israel, en todas las edades venideras, habrían de comunicar amor y fe al corazón de los hijos de Dios, acercándolos al corazón siempre amoroso de Aquel en quien viven todas sus criaturas (PP 694, 695).

Las revelaciones diarias del carácter y la majestad de su Creador, henchían el corazón del poeta de adoración y regocijo. En la contemplación de Dios y de sus obras, las facultades de la mente y del corazón de David, se desarrollaban y fortalecían para la obra de su vida ulterior. Diariamente iba participando en una comunión más íntima con Dios. Su mente penetraba constantemente en nuevas profundidades, en busca de temas que le inspirasen cantos y arrancasen música a su arpa. La rica melodía de su voz, difundida a los cuatro vientos, repercutía en las colinas como si fuera en respuesta a los cantos de regocijo de los ángeles del cielo (PP 694).

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